Esta canción es una postal musical que viene desde la memoria. Con la delicadeza del dream pop y alma de poema, Westwell le canta al recuerdo de alguien que dejó huella sin ser ruidoso. La instrumentación es etérea con sus capas suaves de guitarras brillantes y atmósferas que nos hacen flotar, como si la canción fuera tejida en el aire.
La letra es pura ternura nostálgica. Habla de una presencia que sigue viviendo más allá del tiempo, entre flores prensadas al alma y lágrimas convertidas en arte. La voz nos guía por el viaje con dulzura y melancolía, como si estuviéramos acariciando un recuerdo con la seguridad de que no se desvanecerá.
Es una canción que se siente como ver fotos viejas con los ojos cerrados. Ya la sientes tuya y conocida. Es un homenaje delicado y sincero a la belleza persistente de quien alguna vez coronó su mundo con enormes y variadas flores.






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