Explosiva desde el arranque, esta canción no se anda con rodeos, y te lanza contra la pared con riffs afilados, batería en modo ametralladora y una energía que no suelta el acelerador ni un segundo. Es deathcore a máxima velocidad, sin espacio para el respiro.
Las guitarras rugen con precisión quirúrgica, reventando en breakdowns que parecen diseñados para el colapso colectivo en el pit. La producción mantiene el filo crudo del género sin perder claridad, aquí cada golpe se siente como un martillazo al pecho.
La voz, bestial y dominante, no solo grita, también arrastra consigo una furia total, como si cada línea fuera un ultimátum. No hay espacio para la melancolía, esto es rabia concentrada, directa a la yugular.
Esta canción no es solo un lema, es el espíritu de la música. Si buscabas algo que te despierte los sentidos y sacuda tu día, esto es dinamita comprimida en dos minutos de pura demolición.






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