Hay canciones que simplemente huelen a verano, y esta es una de ellas. Un estallido pop punk con energía suficiente para levantar hasta el ánimo más abajo. Desde el primer rasgueo, la canción grita libertad con riffs chispeantes, batería al máximo y una melodía que pide a gritos subirle el volumen y bajar las ventanas.
Ideal para manejar por la carretera a una playa, o perderte por la ciudad con tus amigos; tiene esa mezcla clásica del género, hay nostalgia adolescente con una sonrisa en la cara. No habla de romper el corazón, en realidad habla de romper la rutina, para gritar el coro hasta quedarte sin voz y vivir cada segundo como si fuera el último día.
La producción es limpia pero no pulida en exceso, manteniendo ese espíritu crudo y auténtico que hace que el pop punk siga sonando real. Es una invitación a soltarte, a cantar sin pensar demasiado, a reírte de tus dramas y a celebrar los días en los que el sol pega más fuerte que cualquier preocupación. Esto es vitamina D en forma de canción.






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