Con una voz rasposa que se quiebra justo donde duele y una letra que lleva cicatrices de muchos años atrás, PERDÓN A MI MAMÁ es una confesión abierta, cruda y sin filtros. En esta canción, la guitarra llora suave y los metales se asoman con respeto, como si supieran que están entrando en un terreno sagrado: el del arrepentimiento.

La melodía no busca ni encuentra adornos innecesarios; lo que quiere es que escuches, que sientas, que te reconozcas en ese hijo que, por orgullo o por miedo, tardó en pedir perdón. Hay algo profundamente humano en ver cómo un intérprete se enfrenta al recuerdo de una madre que quizá ya no está, o que aún espera ese abrazo pendiente.

Esta canción no se canta, se regala. Y más allá del género o del estilo, es de esas que raspan el alma y te dejan pensando en las palabras que aún no has dicho. Ideal para los que necesitan valor… o para los que ya lo encontraron pero no saben cómo expresarlo… y la respuesta siempre es… la música.

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