En Tribe, Danny Addison se sumerge en el lado más sombrío del sentido de pertenencia. Con una instrumentación que va creciendo como una marea, sus guitarras afiladas, cuerdas que se tensan como ideas fijas y una voz siempre al borde del desgarro. Esta canción nos plantea preguntas difíciles… ¿en qué momento una convicción se convierte en el fanatismo? ¿Hasta dónde puede llevarnos la necesidad de tener razón?

Esta es una pieza que confronta sin necesidad de gritar, que observa con lucidez la forma en que el eco, las banderas morales y la rabia colectiva pueden distorsionar incluso las causas más nobles. Esta es una ayuda pra ver de manera más honesta el deseo humano de pérdete fer, incluso cuando eso nos lleva a perder el rumbo.

Como parte de su álbum debut “Porcelain”, la canción se siente como una grieta por la que entra la luz. Danny no se molesta en ocultar las fisuras, propias y ajenas, y es así que logra darnos una canción que incomoda, pero también que conmueve y deja ecos.

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