Esta pieza es una balada de rock alternativo que atraviesa nuestra alma con la precisión de un poema y la intensidad de una confesión eterna. Kris Mig construye un universo de emociones tan reales y bellas, en donde el amor no sólo se siente, sino que se vive como un trance dentro de un viaje entre lo terrenal y lo espiritual.
La canción vibra en capas cinematográficas, en donde las guitarras sutiles y los arreglos etéreos acompañan a una letra que podría leerse en voz baja en un lugar vacío o también gritárselo al universo. Es un tema que nos habla sobre el deseo de quedarnos para siempre en un instante, un beso, una mirada, una caricia, tan perfecto que duele. Aquí no hay separación entre amor y muerte; hay una fusión total que lo vuelve trascendencia pura.
El resultado es poderoso; es como una plegaria a lo eterno. Esta pieza te dejará suspendido en ese espacio en donde el corazón late entre el gozo y el vértigo; y es ahí dónde nos quedamos, temblando y queriendo volver a vivirlo todo.






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