Con una vibra nostálgica que se empapa de lo mejor del britpop noventero, I’ll be there es un himno de consuelo íntimo que se cuela suave en el oído y se queda dando vueltas en nuestro ser. La melodía, pulida tras años de rondar en la cabeza del artista, se despliega con naturalidad y sencillez, y llena de emoción.
Las guitarras tienen ese tono cálido u melancólico que podrían recordarte a Oasis o a Travis; mientras escuchamos una voz que fluya con ternura y sin pretensiones, entregándonos versos como “I’ll be there in your darkest hour to bright your life” com una sinceridad que no necesita de adornos. No hay rebusques aquí, solo la promesa de estar al pendiente, de acompañar incluso cuando todo parece apagado.
Es una canción que te abrazará y te acompañará sin mucho ruido de por medio, lo que la hace ideal para escuchar mientras cierras los ojos, respiras profundo y te dejas llevar por un pop rock que no pasa de moda por estar hecho con el corazón.






Deja un comentario