ego no es una canción, es una demolición controlada. Megg Jacobs nos arrastra de cabeza a un abismo en donde la identidad se deshace entre riffs potentes, voces ásperas y una batería que no da tregua. Desde el primer golpe, la producción, feroz y envolvente, crea una atmósfera brutal que te deja sin punto de fuga.

Pero lo más potente no es el volumen, sino el mensaje.  Megg nos canta desde un lugar en donde ya no queda nada por defender; el ego ya no sirve, se ha podrido, y lo que queda es la materia cruda del ser. La canción habla del colapso interior que ocurre cuando la imagen que tenías de ti mismo es devorada por la realidad. Y ahí, en medio de la desesperación, el “gris” se vuelve protagonista: un terreno donde no hay absolutos, ni consuelo fácil, solo confrontación. La ironía de los gusanos es símbolo de renacimiento distorsionado, y añade una capa casi grotesca y poética. En vez de alimentar el alma, se comen lo que ya no sirve.

Es un tema abrasador, que no busca gustar, busca arrasar y dejarte pensando en lo que queda cuando el ego muere. ¿Lo sabes?

Deja un comentario

Tendencias