Astara Black irrumpe como un susurro que crece y se vuelve grito interior. En su debut, Rollerbird, Whitney Cline no solo regresa: resucita. Cada canción es un reencuentro con el cuerpo, con la tierra, con la herida que también es raíz. La voz de Cline, que es cálida, íntima, con ese toque emocional que recuerda a Feist o Mazzy Star, vuela envuelta en arreglos orgánicos, con ecos de folk, psicodelia suave e indie pop cuidadosamente atmosférico.
Es imposible no señalar que en este proyecto musical increíble, hay una tensión constante entre fragilidad y poder. Es música que se siente con el pecho abierto; es un mapa emocional tejido con imágenes de carreteras, plumas, flores secas y el pulso cíclico de la naturaleza.
La producción viste cada elemento con una sensibilidad táctil, hay unos que se funden como neblina, sintetizadores que brotan como agua. Escucha su EP y no solo lo hagas por encima, deja que se encarne en ti. Este trabajo es rito, vuelo y caída; es una invitación a volver a uno mismo con el corazón en llamas y los pies en la tierra.






Deja un comentario