The Shrinx vienen a demostrarnos que es mejor pedir perdón que permiso. Tras reinventarse tras una casi ruptura en 2019, la banda encontró en el metalcore un canal visceral para gritar lo que no podía quedarse dentro. Su nuevo lanzamiento lo confirma: riffs afilados, breakdowns demoledores y una furia que no se diluye, ni siquiera en los momentos melódicos. La canción es un puñetazo en el pecho y un grito de resistencia. Las voces limpias contrastan con los guturales en una dinámica que no solo estremece, sino que también emociona.
La producción es cruda pero clara, con una mezcla que permite que cada golpe de batería, cada línea de bajo y cada frase escupida desde las entrañas se sienta con peso. Si algo caracteriza a The Shrinx es su capacidad de canalizar dolor y rabia en algo transformador. No se trata solo de ruido: hay estructura, intención y una necesidad urgente de ser escuchados.
Para quienes llevan cicatrices bajo la piel y aún así siguen de pie, esta canción será combustible puro. The Shrinx están de vuelta con todo. Y no piensan callarse.






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