Con velocidad desbocada y una rabia sin filtros, esta nueva entrega de punk directo al rostro captura ese impulso primitivo de querer destruirlo todo. Desde el primer acorde, la canción ruge como una válvula de escape emocional, con distorsión cruda, batería frenética y una voz que no pide permiso, solo grita lo que muchos sienten pero pocos se atreven a decir.

Más que una queja o una crítica, el tema se siente como una liberación, como un puñetazo sonoro contra lo establecido, contra la frustración acumulada, contra esa necesidad asfixiante de controlarlo todo. No hay metáforas elaboradas ni florituras, tan solo un deseo ardiente de romper, de quemar, de empezar de nuevo desde las ruinas.

En apenas poco tiempo, la canción condensa la esencia más pura del punk: actitud, velocidad y un rechazo feroz al adormecimiento emocional. Es música para cuando todo te molesta, para cuando nada tiene sentido, para cuando lo único que queda es el ruido y la furia.
Es contundente, catártica y completamente incendiaria.

Deja un comentario

Tendencias