Iniciar un proyecto musical con estas propuestas suele ser una apuesta audaz y brillante aunque un poco arriesgada, este tema rompe por completo las reglas desde el principio con una sátira mordaz y, lejos de autopercibirse aburrida, busca exagerar en el circuito artístico.

Este tipo de presencia que tiene la canción y que busca desmitificar al artista mártir, es lo que le da la esencia y el toque característico a esta obra. Así pues se sigue apostando a una electrónica elegante impregnada de misterio y sofisticación.

En cuanto a la letra, es retorcida pero majestuosa, demostrando la capacidad que tiene para equilibrar el humor negro con la realidad existencial y su peso, dando un mensaje muy claro sobre el capitalismo en el arte, además de que la experiencia visual que ofrece es arte conceptual y que no cualquier persona puede interppretarlo de la manera correcta, es decir, como una pieza de diseño audiovisual.

En este debut, da una propuesta impecable de que es sentirse cómodo en la pista de baile imaginando que estás en una galería de arte contemporáneo, fracturando el pop electrónico y oscuro con uno meramente para bailar y cuestionar los conceptos que tenemos de «normalidad» en una celebridad. Un paso meditado y bien logrado, si me lo preguntan.

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