Como el título lo dice, la canción se siente como una estructura meticulosa, frágil pero increíblemente firma, como si hubiera sido armada pieza por pieza. Aquí, los cambios de tiempo te mantienen flotando y adivinando hacia adonde va a dar el siguiente golpe la batería.
Aunque tiene toda la pinta del mathrock (obviamente), no sientes que sea pretenciosa. Los palillos están perfectamente equilibrados para que sea una complejidad accesible, sobre todo si cierras los ojos y solo existes. Sí, date ese rato en esta rutina tan acelerada.
Mike Goodspeed y Kevin Stahl demuestran una química brutal, puedes notar las conversaciones previas y los acuerdos. La lluvia de ideas se nota entre la guitarra y la base rítmica, cuando uno propone una idea melódica atrevida, el otro responde armónicamente o llena los espacios con texturas dinámicas, es decir, los acordes no son los típicos del rock, hay tensiones y extensiones propias del jazz dándole brillo al tema.
En conclusión, la canción es un subidón de energía constante; pasa de momentos increíblemente técnicos hasta explosiones limpias donde la fuerza toma el control. Es un track dinámico, juguetón y tiene esa pregunta de «¿qué está pasando?» pero mientras lo disfrutas.
O sea, si te gusta polyphia, definitivamente te va a gustar. Y si no te gusta polyphia, también te va a gustar. Es un despliegue de habilidad y creatividad técnica con la importancia de ser disfrutable, siendo muestra perfecta de cómo el caos matemático y la elegancia del jazz pueden dar resultados así de increíbles.







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