El viaje sonoro que se viene está tremendo. Nos da introspección, nos da envoltura sonora, nos da mezclas interesantes. Esta canción no lleva prisa, la influencia del slowcore le da la magia necesaria para que el tiempo arrastrado se sienta una bendición para los oídos. Lista para caminar bajo la lluvia o mirar por la ventana en un día frío.
Las basese de ritmos pausados, loops sutiles y texturas electrónicas, la melodía ambiental te envuelve por competo de una manera tranquila y muy agradable, sobre todo porque aporta esta accesibilidad aún con ser melancólica. La estructura y las líneas instrumentales se te quedan grabadas en la cabeza. T
Temáticamente, la canción se siente como el desgaste inevitable de algo: una relación, el tiempo o uno mismo. Captura a la perfección esa dualidad del indie pop melancólico donde la tristeza se vuelve naturalmente bonita, dando como resultado una producción minimalista en apariencia pero variada en texturas cuando usas audífonos y cierras los ojos. O sea, ideal para escuchar a las 2am cuando el insomnio te visita o para los días de bajón o solo cuando necesites desconectarte del ruido del mundo. Esta canción te demuestra que a veces lo mejor es bajar el ritmo y quedarte estático un rato.
En conclusión, funciona como un refugio sonoro, más que una canción triste es una pieza que te abraza desde la vulnerabilidad de ser humano y tener sentimientos. La quietud y el desencanto aquí se sienten como algo bonito y a lo que quieres prestarle atención. En definitiva un track especial si quieres dejarte llevar por la corriente de sus texturas.







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