Desde los primeros acordes se siente como uno de esos soundtracks que pones en la carretera con ventanas abajo. Con ese toque clásico del rock sureño, le da el toque fresco de sentirte parte de una película americana como de ensueño, dándote el core poco a poco y después bajando la intensidad gradualmente. Por un

Respecto a la instrumentalización, la batería y el bajo tienen una sintonía que te hace mover la cabeza sin darse cuenta, sintiéndose auténtica desde el principio y hasta el final de la producción. Así, al voz de Jessa es el alma de la canción, dándole una postura con actitud de esa «chica rubia de pueblo». La canción celebra el orgullo nacionalista pero refiriéndose a anécdotas comunes, no políticas, sino de personas normales y comunes, siendo un tema potente para playlists de «Country Rock», o «Roadtrips» pues si te da todas esas vibes. Hart demuestra que tiene el talento y la actitud necesarios para dejar su huella en la escena actual.

Por un lado tiene el ADN country tradicional, la honestidad en la interpretación y esos sútules lamentos de guitarra que recuerdan al pedal de steel, por otro adopta el estilo bailable de los versos y un gancho melódico en el coro que está diseñado para quedarse atrapado en tu cabeza después de la primera escucha.

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