Existen canciones que se escuchan y otras que se sienten, especialmente, estás últimas son más sonadas cuando se refieren a personas o lugares o cosas que le brindan cierta identidad y protección emocional a los interpretes.

Esta canción con sonidos envolventes caribeños, presenta una propuesta ambiciosa y homenajeable a Río de Puerto Rico, especialmente teniendo una genialidad única retomando el espíritu de Julia de Burgos, poeta.

Musicalmente, la obra se describe como una experiencia de amor y vibrante, no solo en términos caribeños, sino que logra transmitir identidad melancolía ligada a la resiliencia de la isla, y una atmósfera -casi- de cine creando una posición para el oyente donde se puede sentir e imaginar un escenario único entre baile y orgullo, es por esto que esta canción es completamente ideal para bailar en el antro o crear una conexión con los pisos latinoaméricanos por los que paseamos.

Se puede catalogar como una de las obras más hipnoticantes logrando mantener el dolor y sentimiento de la poesía y al mismo tiempo, ofrecer una pista para bailar y sacar lo mejor de las caderas de cada invitado cuidando la vitalidad del cuerpo respecto al baile y la música, las cuales crean una realidad donde nada más importa. Más que no equivocarse y seguir luchando

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