Sin una voz que marque el camino, ésta pieza de math rock nos obliga a escucharla de otra manera. Ya no hay una historia como tal que seguir ni una frase que espere el siguiente compás; aquí la atención se desplaza a las decisiones que ocurren dentro de la música. En esta pista instrumental, gana la sensación de estar siguiendo un mecanismo que nunca averiguamos al 100 cómo funciona.
El math rock alternativo encuentra su belleza en los pequeños desajustes como ritmos que cambian de dirección, patrones que se repiten hasta que dejan de sentirse iguales y momentos que parecieran estar a punto de resolverse justo para al final tomar otro camino. Y todos esos puntos y elementos conviven a gusto en (Welcome to the) Slayborhood, una canción que se siente precisa sin llegar a ser rígida, porque es como si cada movimiento estuviera calculado especialmente para sorprender.
Igualmente hay algo particular y cinematográfico en escuchar una pieza así sin letra. Así la música no nos dice qué deberíamos imaginar, por lo que así se puede convertir en un acompañamiento para nuestras infinitas escenas imaginarias que nos hacemos, dependiendo el momento y nuestro mood. En una misma escucha podemos experimentar movimiento, tensión, calma e incluso una especie de nostalgia abstracta que no necesita ser explicada.
Más que perseguir algún momento culminante, el encanto de éste instrumental rockero es que descubrimos poco a poco cómo se relacionan cada una de sus partes y elementos. Aquí cada giro modifica lo que escuchamos y el significado que podemos darle. Sin duda, ésta es música que recompensa nuestra atención y nos premia llevándonos a lugares fabulosos en cada escucha.





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