Arena tiene una historia de origen que casi contradice la seguridad con la que suena. El tema nació de una sesión de dos días, sin ensayos ni nada preparado, cuando cuatro músicos que nunca habían trabajado juntos tuvieron que descubrir una canción desde cero. De este experimento nació ésta pieza de cinco minutos que nos permite cambiar de forma sin perder el hilo.

El arranque tan explosivo es una decisión especialmente llamativa; desde ahí, mesmerable construye un rock de textura amplia, en donde los instrumentos funcionan casi como una declaración de intenciones antes de que algo más pase y el ruido se apodere de todo. Más adelante, podemos ser testigos de ecos de The Police y nos hipnotizamos por dos guitarras que se responden mediante solos que prolongan toda la emoción.

La letra nos lleva a otra dirección; ésta es breve, insistente y mucho menos descriptiva que toda la composición. Aquí hay arena que cae, una persona que se aleja y una ausencia que empieza a sentirse más como amenaza; y la canción, en lugar de querer llenar cada espacio con muchas palabras, deja que ciertas regresen hasta que adquieren otro peso y terminan sonando casi como dos caras de un mismo sentimiento.

Una de las mayores virtudes de Arena es que suena como una canción hecha por músicos tomando decisiones, probando caminos y dando espacio para que sus instrumentos también brillen en la historia.

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