Maket no necesita demasiados adornos para que su nueva canción se sienta, por así decirlo, incómoda. Desde los primeros compases hay una sensación de extrañeza que va creciendo poquito a poco, como si estuviéramos caminando por un lugar conocido pero descubrir que ya no reconocemos nada. Es un post-hardcore que aparece desde un sitio sombrío, en donde importa tanto la tensión acumulada, como el golpe de intensidad.

El título guarda una historia propia; la canción retoma el nombre de «L’Étranger, la banda en la que dos de los integrantes de Maket tocaron anteriormente, y la conexión va mucho más allá de una referencia nostálgica, porque el tema comienza recuperando las primeras líneas de un track de aquel proyecto. Es como si abriéramos una puerta hacia una etapa anterior para descubrir que algunas cosas aún resuenan.

Todo alrededor de esa línea de entrada parece irse borrando poco a poco. La ciudad, las habitaciones, los recuerdos y hasta la percepción del tiempo aparecen desfigurados, mientras que la voz nos intenta orientar entre cosas que alguna vez nos hicieron sentido. Aquí nada termina de desaparece por completo, pero tampoco se queda intacto, y ahí está la magia de esto.

Y quizá por eso resulta tan apropiado que la banda incluso continúe trabajando desde distinto países. La distancia aquí no es lo único de la historia de todo este proyecto, sino que todo esto suena como un regreso que, paradójicamente, encuentra un reflejo que confirma cuánto ha cambiado todo.

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