cross country tiene la energía de una idea que aparece desde lo más profundo del alma. Siena Fantini juega aquí con la impulsividad desde el primer momento; hace que la distancia, los husos horarios y los códigos telefónicos formen parte de un mismo coqueteo. Es música que habla del enamoramiento contemporáneo, en donde una conexión puede darse a miles de kilómetros y sentirse aún así absurdamente cercana.

La canción no nos vende un romance destinado a durar; de hecho, sabe perfecto que todo puede terminar en desastre, y es justo esa conciencia lo que le da una gran parte de su encanto. Es un track lleno de ilusión pero también de mucho autoconocimiento para reconocer cualquier cosa que no esté -tan- cool. Es como si bastará con pensar que la experiencia es en sí lo que vale la pena.

En términos de personalidad, el tema en definitiva destaca por su sentido juguetón. Hay referencias geográficas, cambios de perspectivas y un pequeño desfile de contradicciones que hacen que la canción tenga un propósito muy definido hacia nosotros. No suena como una fantasía romántica genérica, sino como un monólogo acelerado de alguien que decidió lanzarse y en el aire busca argumentos para justificarse.

¿El mejor aliado? el pop alternativo, un género que hace que la canción no se tome nada tan en serio, pero no se sienta burlona de lo que se está sintiendo. Siena supo divertirse en ese punto entre el «esto seguro acabará mal» y el «qué divertido está siendo esto». A veces el punto son esos pequeños impulsos que no sabemos a dónde nos llevarán.

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