Scream entiende que la energía puede cambiar de dueño. Boozing Bulls nos regala una canción de glam rock alrededor del instante en el que las luces se encienden, el públlico responde y una banda deja de tocar nada más por la emoción de generar una reacción colectiva.

Durante el tema hay una actitud descarada y festiva, como si quisiera capturar la electricidad que aparece cuando músicos y audiencia terminan funcionando como un solo ente.

El track nos avanza con una energía frontal y sin demasiados rodeos. Sus frases cortas e insistencia en el grito del coro están pensadas para ser respondidas, haciendo que la escucha sea participativa.

Aquí no se trata de demostrar complejidad, sino de conseguir que una multitud quiera levantarse y alzar la voz con euforia al mismo tiempo. Sin embargo, la canción no se queda únicamemte ahí, sino que al final aparece un contraste entre el subidón que es estar en un escenario, y el cansancio que inevitablemente llega después.

La noche termina, las luces se apagan y se queda esa sensación de haberlo dado todo, mientras ya empieza la expectativa por volver.

Scream es como un pequeño glimpse sobre la vida en el escenario. No se romantiza la fama, pero sí se enfoca en el momento mismo de compartir música con otras personas. La mayor virtud del tema está en entender que un buen show necesita de quienes cantan y de los que responden del otro lado.

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